Antaño la Iglesia fue la principal fuerza de choque frente al liberalismo y al marxismo. Sin embargo desde el Concilio Vaticano II, necesario pero desgraciadamente usurpado por esa corriente llamada "aggiornamento", parece que gran parte de la misma jerarquía se ha vuelto sino marxista sí liberal. El más claro ejemplo nos lo ofrece Mons. Antonio Ceballos, obispo de la diócesis de Cádiz y Ceuta hasta hace unos días y ahora obispo de Jaén. Antes de marchar de su diócesis quiso dejar bien claro que la Iglesia estará presente en los actos conmemorativos del Bicentenario de la Constitución Liberal de 19812, una de las más progresistas de aquella época.
Dejemos que don José María Pemán nos ilustre sobre dicho episodio histórico:
Pero entre tanto discurso florido y tanta inocencia, había un grupito pequeño que sabía a donde iba. Este grupito, heredero de los Arandas, de los entusiastas de "las luces", quería sepultar en el olvido todo el viejo espíritu de España y convertirla en una nación "moderna" y "libre", lo que quería decir para ellos, en una imitadora de la Francia revolucionaria. Pero el grupito sabía que esto había que hacerlo con disimulo, sin austar: como había dado Aranda el empujón a los jesuitas. No había que poner en la "Constitución", o sea en la ley que hicieran para organizar España, cosas demasiado violentas: había, por el contrario, que decir que España seguiría fiel a su rey. Pero luego, a la espalda de estas declaraciones pomposas, había que deslizar cosas más práticas para sus fines: se quitaba desde luego la Inquisición, se proclamaba la "libertad de imprenta", o sea, el derecho de decir cada uno lo que quisiese sin censuras ni cortapisas...Así fue aprobada la Constitución. El grupito que sabía a donde iba, fue el que triunfó. De lo otros, hubo algunos que se dieron cuenta del peligro y protestaron. Los demás, burgueses y hasta beatos, la aprobaron como aprobó el beato y burgués Carlos III la ley contra los jesuitas:: por "ir con los tiempos", por no parecer atrasados e ignorantes.
Pronto la nueva Constitución dio sus frutos. Las sonoras declaraciones de fe y religión, quedaron ahí, en el papel, escritas y muertas. En cambio, la "libertad de imprenta" dio lugar a montones de papel impreso que, con lenguaje cada vez más atrevido, llevaban al pueblo el veneno de todas las impiedades.No tardó en salir un librito, obra de un escritor burlón e impío, llamado Gallardo, donde se hacían de las cosas sagradas los chistes más irreverentes y se decían las mayores blasfemias.
Se armó un enorme escándalo. Muchos que incluso habían aprobado y aplaudido la "Constitución" se asustaron. Ellos no habían creído que las cosas fueran tan lejos. No sabían, los pobres, que cuando se enciende la mecha, nadie puede evitar que corra el fuego. El libro impio y escandaloso fue entregado al juez y prohibido por este. Su autor, Gallardo, fue encerrado en una prisión militar.
El grupo masónico se calló de momento. No convenía irritar los ánimos. Pero luego, en las sombras, empezó a laborar. Hasta que logró darle la vuelta a todo. Se levantó la prohibición del libro. El juez que lo prohibió fue llevado a la cárcel. Y Gallardo, en cambio, el blasfemador público, salió de su prisión en triunfo y llevado en hombros...
¡Y mientras tanto el pueblo moría en Zaragoza y Gerona, por defender, contra Francia, la España de los Reyes Católicos!
"El ateísmo en las leyes, la indiferencia en materia de Religión y esas máximas perniciosas llamadas católico-liberales, éstas, sí, éstas son verdaderamente la causa de la ruina de los Estados, éstas lo han sido de la perdición de la Francia. Creedme el daño que os anuncio es más terrible que la Revolución, y más aún que la Commune. Siempre he condenado el Liberalismo católico, y volveré cuarenta veces a condenarlo, si es menester." (S.S. Pío IX)
Espero que el recién obispo electo, Mons. Rafel Zornoza, consciente del grave error cometido por su antecesor en el cargo, desconvoque los actos presididos por la Iglesia con motivo del Bicentenario de la Constitución de Cádiz y Mons. Ceballos pida disculpas por su imprudencia.
Le aconsejo que estudies con más finura el problema: si aplicas la ramplona y simplona lógica binaria liberalismo = pecado, tendrás muchos problemas para digerir muchos textos pontificios. Ya lo dijo Pio XI, "La Iglesia no teme tanto la sabiduría de sus enemigos cuanto la IGNORANCIA de sus hijos".
ResponderSuprimir"Por razones históricas, culturales y políticas complejas, el Risorgimento ha pasado como un movimiento contrario a la Iglesia, al catolicismo, a veces incluso contrario a la religión en general. Sin negar el papel de tradiciones de pensamiento diferentes, algunas marcadas por trazos jurisdiccionalistas o laicistas, no se puede desconocer la aportación del pensamiento —e incluso de la acción— de los católicos en la formación del Estado unitario.
Y también figuras de santos, como san Juan Bosco, impulsado por la preocupación pedagógica a componer manuales de historia patria, que modeló la pertenencia al instituto por él fundado sobre un paradigma COHERENTE CON UNA SANA CONCEPCIÓN LIBERAL: «ciudadanos ante el Estado y religiosos ante la Iglesia».
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2011/documents/hf_ben-xvi_let_20110317_150-unita_sp.html